15 de diciembre de 2010

Adiós, hasta siempre

Que venimos de no ser nada, y en la nada acaba nuestro viaje, es algo que tengo más que asumido. Sin embargo, como soy enemigo reconocido de las verdades absolutas, intento de vez en cuando, engañarme negándome a mi mismo esta fatídica realidad.
Y ya no sé si se trata del daño del día, o del balance total de todos los daños que vengo arrastrando. Lo único que puedo constatar es que el bucle engulle ilusiones, y cuando lo hace, se está jactando de las sonrisas que no han tenido tiempo de nacer.
No me resulta fácil ser constante en la dedicación que tenga por algo o alguien, pero contigo, que nunca tuviste palabras ni buenas ni malas para nadie, se me hizo pasmosamente sencillo.
La viva agitación de tus bigotes, o la curiosidad que parecías tener por todo cuanto te rodeaba, me hacía recordar que tu especie, al contrario que la mía, carece de maldad. Y no sabes como he llegado a envidiarte por ello, cada vez que observaba como hacías del sótano tu "laberinto" particular.
Y un año, según la vara de medir que empleemos, puede verse como muy poco tiempo. Para mi, fue el suficiente para crear afecto hacia una pequeña bola de pelo blanco, que de forma involuntaria, ayudaba a mi mente a zarpar de la realidad, cuando ésta se presentaba como una rutina ruinosa en vísperas de hundirse igual que Pompeya.
Con qué facilidad me has hecho que recordase lo que puede doler una pérdida, mientras tenía que lamentarme de que esos débiles intentos de mover las patas iban a ser en los que empleases tus ya casi extintas fuerzas.
Y ahora, que ya te he dejado reposar, y aun tengo esas manos en las que facilmente cabías manchadas de tierra, he de volver a entonar una frase que si bien hace tiempo que me vi obligado a aprendérmela, sigue doliéndome igual cada vez que tengo que destacarla en mi repertorio; Adiós, hasta siempre, tú ya te has ido, pero yo tengo que quedarme aquí.

2 de diciembre de 2010

Contaminado.

Donde seas cliente habitual de la amargura
Cuando el destino anuncie que no va a regresar
Siendo la felicidad sólo un oasis vertiginoso
Y todas tus cosas se tinten de oscura frialdad
Si la ilusión es devorada por agentes externos
Y el dolor se declara okupa permanente en tu pecho
Si el corazón no bombea, sino que expande veneno
Y para ti la noche sea sinónimo de angustia y miedo
Mientras el camino sea el enclave de los vaivenes
Todos tus sueños rotos organicen piquetes en tu retina
 La suerte te deje pendiente para septiembre
Y la tormenta no la alivie una doble dosis de aspirinas

"Cada uno es ortodoxo con respecto a si mismo" John Locke.